Mantener a las personas más importantes del planeta a salvo no es una tarea fácil.

Para esto, ellos tienen que cambiar su vida por completo rodeándose por guardaespaldas y hasta inclusive incluir mecanismos de seguridad en sus propias casas.

¿Pero y sus autos?

En esta oportunidad, Badabun te presenta los 6 autos más protegidos de la Tierra.

La mayoría de ellos fueron diseñados para resguardar la seguridad de los presidentes más importantes, mientras que otros solo a famosas personalidades.

videoPlayerId=fc7f25f16

Miremos algunos ejemplos que aparecen en este video.

Angela Merkel y su Mercedes S600 Guard

A la canciller federal alemana le toca viajar en un clásico Mercedez Benz totalmente blindado para su seguridad. Aunque por fuera aparente la normalidad de un vehículo común y corriente, lo cierto es que es único en su tipo y uno de los más seguros del mundo.

Según el sitio La Sexta, este rodado es capaz de resistir fusiles de asalto, granadas, minas, explosiones laterales de hasta 15 kilogramos de TNT, un verdadero búnker sobre ruedas.

La “Bestia” de Donald Trump

El encargado de acompañar al Presidente de los Estados Unidos es un poderoso blindado estilo limosina, un Cadillac One de 7 toneladas construido por General Motors, que es capaz de resistir un ataque químico.

Según informa el medio de Infobae, dentro tiene gas lacrimógeno, conexión satelital directa con el Pentágono estadounidense y bolsas de sangre por cualquier inconveniente o siniestro.

El Papamóvil de Francisco

Fabricado sobre de un Clase G de Mercedes-Benz, este vehículo perteneció también al Papa Juan Pablo II y Benedicto XVI, y viene equipado con una cúpula trasera hecha de cristal en el que va sentado el Obispo de Roma.

Fuente: Badabun.

Te puede interesar:

videoPlayerId=5d1ee06d7

Videos Destacados

Padre e hija ensayan a escondidas para darle a mamá una sorpresa muy especial

Un dueño llega a casa y descubre que su travieso Boxer “redecoró” la habitación

Un bebé travieso va a agarrar un vaso, pero cuando mamá grita “no”, su expresión no tiene precio